Las escaleras eléctricas en el metro no servían. Le ayudé a una señora a subir su bolsa del mandado.
En agradecimiento, me regaló un mango. “Para que te refresques, m’hijo. Que Dios te bendiga.”
Soy la persona más feliz del mundo.
Las escaleras eléctricas en el metro no servían. Le ayudé a una señora a subir su bolsa del mandado.
En agradecimiento, me regaló un mango. “Para que te refresques, m’hijo. Que Dios te bendiga.”
Soy la persona más feliz del mundo.